Cadáveres en la playa, de Ramiro Pinilla

El caso más intrigante de un Samuel Esparta ya maduro.
Un Samuel Esparta ya maduro, que mantiene contra viento y marea su peculiar librería en Getxo, recibe en los años setenta la visita de una señora, Juana Ezquiaga, que quiere contratarlo para que averigüe la desaparición, mucho tiempo atrás, del que fue su amor de juventud. Juana sabe por un anciano pescador que las corrientes están llevándose la arena de la playa, y que pueden emerger los cadáveres que se esconden en sus tripas. En uno de los fusilamientos de la guerra civil, los falangistas abrieron una fosa común allí, y el pescador le ha contado que en el último momento apareció alguien con una carretilla portando un cadáver. Juana sospecha que eso sólo pudo hacerlo alguno de los viejos amigos, celosos de la pareja. ¿Podrá Samuel Esparta investigar con éxito un posible crimen cometido treinta y cinco años antes? ¿Logrará aclarar, a partir de los vecinos a los que interroga, la amalgama de envidias y despecho de un grupo de amigos antes de la guerra? Afortunadamente, la siempre eficiente Koldobike no quiere perderse semejante reto, y acude en ayuda de su antiguo jefe.

La mujer que llora, de Zoe Valdés

Una emocionante novela sobre Dora Maar y su apasionante relación con Picasso en el París bohemio de los años treinta.
Una escritora prepara una novela sobre la vida de Dora Maar, una de las artistas con mayor talento del surrealismo hasta que su vida se cruzó con la de Pablo Ruiz Picasso. Amante, musa y, fi nalmente, víctima del artista, Dora emprende un viaje a Venecia que marcará un punto de infl exión en su vida. A su regreso a París, se retirará del mundo, encerrándose en su apartamento para siempre.
Cuando se cumplen cuarenta años de la muerte del genio malagueño, Zoé Valdés se adentra en el alma de una mujer que fue capaz de todo por amor, y nos regala una vívida y emocionante novela sobre la pasión llevada al límite.

Años luz, de James Salter

Si Juego y distracción ?recientemente reeditada por Salamandra? supuso un paso de gigante en la incipiente carrera de James Salter, Años luz, publicada ocho años más tarde, en 1975, significó claramente su consagración como uno de los grandes maestros de la literatura norteamericana del siglo XX.La escritura diáfana, leve y luminosa de Salter nos asoma al interior del matrimonio de los Berland, cuya vida transcurre entre Manhattan y una vieja casa al norte de Nueva York. Allí, en una suerte de paraíso natural, rodeados de prados y con vistas al río Hudson, Viri, arquitecto al que le apasiona su profesión, y Nedra, una mujer de marcado carácter y una rara elegancia, disfrutan de los paseos, las cenas con amigos y los incontables momentos de sosiego dedicados a jugar con sus dos hijas. Sin embargo, detrás de esta apariencia idílica, el lector descubre las finas líneas de fractura que asoman en la superficie y se van convirtiendo en grietas hasta que, finalmente, desfiguran el paisaje sin posibilidad de reparación.El amor difuminado por el paso del tiempo, como gran protagonista, aguarda a los personajes para envolverlos en una luz final, vespertina, sin retorno. Años luz traza con exquisita sensibilidad los límites y contradicciones de ese estado evanescente de plenitud y bienestar que llamamos felicidad y que anida en lo más profundo de todo ser humano.

El primer amor, de Joyce Carol Oates

Josie, cuya madre acaba de separarse, llega a un pequeño pueblo en el que conocerá a su tía (una mujer de implacables convicciones religiosas que hace valer su autoritarismo sobre su sobrina) y a su primo Jared (que estudia en el seminario). La fascinación que ejercerá sobre Josie su excéntrico primo la llevará a conocer algunos de los aspectos más crudos del amor carnal. Joyce Carol Oates lleva varios años sonando como una de las candidatas más firmes al Premio Nobel de Literatura, y es fácil que con relatos como El primer amor acabe por obtenerlo.

Brooklin, de Cólm Tóibín

Con la templanza, el virtuosismo y la perspicacia psicológica del maestro contemporáneo que es, Cólm Tóibín, uno de los mejores escritores irlandeses de nuestros días, ha construido una historia estremecedora sobre el destino cuya diáfana superficie esconde un fondo donde se abisma una complejidad inagotable. En un pequeño pueblo del sudeste de Irlanda, Ellys Lacey es una chica de familia humilde que, como tantos otros, no encuetra trabajo, de modo que, cuando se le ofrece un puesto en Norteamérica, no duda en aceptarlo. Poco a poco, Ellys se abre paso en el Brooklyn de los años cincuenta y, a despecho de la nostalgia y los rigores del exilio, encuentra incluso un primer amor y la promesa de una nueva vida. Inesperadamente, sin embargo, trágicas noticas de Irlanda le obligan a regresar y enfrentarse a todo aquello de lo que ha huido. Novela sobre la fatalidad, el exilio, el amor o la familia, Brooklyn es una historia para siempre, dueña de un poder emocional sobrecogedor.

Farándula, de Marta Sanz

Valeria Falcón es una actriz de cierta notoriedad que cada jueves visita a una vieja gloria del teatro, Ana Urrutia. La Urrutia padece el síndrome de Diógenes y no tiene dónde caerse muerta. Su ocaso se solapa con la eclosión de un capullo en flor, Natalia de Miguel, una joven aspirante que enamora al cínico Lorenzo Lucas, álter ego de Addison DeWitt. Nadie tendrá derecho a destrozar la felicidad de Natalia de Miguel, una chica muy delgada que en pantalla da gordita.

Bajo el signo de Marte, de Fritz Zorn

Bajo el signo de Marte es uno de los libros más estremecedores que se hayan escrito en mucho tiempo. Su autor, hijo de una rica familia burguesa de Zúrich, murió de cáncer a los treinta y dos años. Pocos meses antes de su muerte escribió esta obra, que se publicó originariamente en 1977, en un definitivo esfuerzo por comprender su propia vida y las causas del mal incurable. El resultado fue un análisis lúcido y despiadado del concepto de felicidad burguesa y sus relaciones con la enfermedad. El autor de este libro, que firma bajo el seudónimo de Fritz Zorn (en alemán, cólera), vivió toda su vida en Zúrich y allí murió a los treinta y dos años, víctima de un cáncer incurable. Bajo el signo de Marte es su único libro. El manuscrito original llegó a manos del escritor suizo Adolf Muschg, quien no pudo conocer personalmente al autor pero gestionó su publicación en una editorial alemana. Fritz Zorn se enteró de la respuesta afirmativa del editor un día antes de su muerte en una clínica suiza. En un último gesto de rechazo a su entorno familiar y social, legó los derechos de autor a Amnistía Internacional. La publicación del texto causó un enorme impacto.

Semmelweiss, de Louis-Ferdinand Céline

Semmelweiss, un joven estudiante de derecho nacido en Budapest, acude a Viena en 1837 para terminar sus estudios. Pero al llegar a la capital del imperio, movido por la curiosidad, sigue un curso en el hospital de la ciudad, luego asiste a una autopsia y acaba descubriendo su vocación verdadera. Al cabo de poco tiempo, el joven médico empieza a ejercer en prácticas en uno de los pabellones del hospital de maternidad de la capital austriaca. Allí descubre con horror que entrar en aquel lugar supone una condena a muerte para la mayoría de parturientas. Perseguido por la idea de que sus colegas son, sin saberlo, verdugos, empieza a investigar y pronto ofrece un método para reducir las calamitosas cifras de mujeres muertas. Pero contra lo que cabría esperar, este descubrimiento choca en un primer momento con la indiferencia de sus colegas y luego con un odio creciente que lo llevará a la marginación profesional y a una profunda crisis personal. Sólo años después de su muerte se le reconocerá como el padre de la antisepsia moderna. Con el relato de la trágica historia de Semmelweiss el escritor francés no sólo denuncia a la comunidad científica del siglo XIX, sino en general la estupidez y la mezquindad humanas: «Supongamos» escribe Céline en su Prefacio, «que hoy aparece otro inocente que se pone a curar el cáncer. ¡El pobre no puede imaginar el tipo de música que le harían bailar en seguida! ¡Sería fenomenal! ¡Ah, qué duplique su prudencia! ¡Ah, más vale que esté prevenido! ¡Qué se ande con muchísimo cuidado! ¡Ah, más le hubiera valido alistarse de inmediato en la Legión Extranjera! Todo se expía, tanto el bien como el mal se pagan, tarde o temprano. Naturalmente, el bien es mucho más caro ».
Semmelweiss, un joven estudiante de derecho nacido en Budapest, acude a Viena en 1837 para terminar sus estudios. Pero al llegar a la capital del imperio, movido por la curiosidad, sigue un curso en el hospital de la ciudad, luego asiste a una autopsia y acaba descubriendo su vocación verdadera. Al cabo de poco tiempo, el joven médico empieza a ejercer en prácticas en uno de los pabellones del hospital de maternidad de la capital austriaca. Allí descubre con horror que entrar en aquel lugar supone una condena a muerte para la mayoría de parturientas. Perseguido por la idea de que sus colegas son, sin saberlo, verdugos, empieza a investigar y pronto ofrece un método para reducir las calamitosas cifras de mujeres muertas. Pero contra lo que cabría esperar, este descubrimiento choca en un primer momento con la indiferencia de sus colegas y luego con un odio creciente que lo llevará a la marginación profesional y a una profunda crisis personal. Sólo años después de su muerte se le reconocerá como el padre de la antisepsia moderna. Con el relato de la trágica historia de Semmelweiss el escritor francés no sólo denuncia a la comunidad científica del siglo XIX, sino en general la estupidez y la mezquindad humanas: «Supongamos» escribe Céline en su Prefacio, «que hoy aparece otro inocente que se pone a curar el cáncer. ¡El pobre no puede imaginar el tipo de música que le harían bailar en seguida! ¡Sería fenomenal! ¡Ah, qué duplique su prudencia! ¡Ah, más vale que esté prevenido! ¡Qué se ande con muchísimo cuidado! ¡Ah, más le hubiera valido alistarse de inmediato en la Legión Extranjera! Todo se expía, tanto el bien como el mal se pagan, tarde o temprano. Naturalmente, el bien es mucho más caro».

La señora Dalloway recibe, de Virginia Woolf

Publicada en 1925, La señora Dalloway, la primera de las novelas con que Virginia Woolf revolucionó la narrativa de su tiempo, relata un día en la vida londinense de Clarissa, una dama de alta alcurnia casada con un diputado conservador y madre de una adolescente. La historia comienza una soleada mañana de 1923 y termina esa misma noche, cuando empiezan a retirarse los invitados de una fiesta que se celebra en la mansión de los Dalloway. Aunque en el curso del día suceda un hecho trágico -el suicidio de un joven que volvió de la guerra con la mente perturbada-, lo verdaderamente esencial de la obra estriba en que los hechos están narrados desde la mente de los personajes, con un lenguaje capaz de dibujar los meandros y ritmos escurridizos de la conciencia y de expresar la condición de la mujer de un modo a la vez íntimo y objetivo. Casi ochenta años después de su aparición, La señora Dalloway conserva intactas la oscura belleza y la originalidad que le permitieron ingresar en la restringida familia de los clásicos del siglo XX.

Matadero 5, de Kurt Vonnegut

Billy Pilgrim rememora sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial, en especial su presencia en el bombardeo aliado de Dresde, y su contacto con los trafalmadores, unos extraños seres con percepción en cuatro dimensiones.
Pilgrim es el alter ego de Kurt Vonnegut en esta novela antibélica publicada en el año 1969. Es un estudio psicológico y ficción autobiográfica mediante el que el autor estadounidense, quien estuvo en la ciudad de Dresde en tiempos del mentado conflicto bélico, se introduce con una narrativa omnisciente y desde una postura crítica con su presente (Vietnam), sentido paranoico, rasgos humorísticos irónicos y de ciencia-ficción, remachando la mente perturbada del deponente de la barbarie, en el trastorno del testigo de la muerte y la destrucción.