Estrella distante, de Roberto Bolaño


El narrador vio por primera vez a aquel hombre en 1971, o 1972, cuando Allende aún era presidente de Chile. Entonces se hacía llamar Ruiz-Tagle y se deslizaba con la distancia y la cautela de un gato por los talleres literarios de la universidad de Concepción. Escribía poemas también distantes y cautelosos, seducía a las mujeres, despertaba en los hombres una indefinible desconfianza. Volvió a verlo después del Golpe. Pero en esa ocasión el narrador aún ignoraba que aquel aviador, Wieder, que escribía con humor versículos de la Biblia con un avión de la Segunda Guerra Mundial, y Ruiz-Tagle, el aprendiz de poeta, eran uno y el mismo.

El amante, de Marguerite Duras


Cuarenta y un años después de publicar su primera novela, Marguerite Duras se convierte de la noche a la mañana, con El amante, en una autora solicitada por todos los públicos. Y, además, recibe poco después, en noviembre de 1984, el prestigioso Premio Goncourt. A todos emociona sin duda esta narración autobiográfica en la que la autora expresa, con la intensidad del deseo, esa historia de amor entre una adolescente de quince años y un rico comerciante chino de veintiséis. Esa jovencita bellísima, pero pobre, que vive en Indochina, no es otra que la propia escritora quien, hoy, recuerda las relaciones apasionadas, de intensos amor y odio, que desgarraron a su familia y, de pronto, grabaron prematuramente en su rostro los implacables surcos de la madurez. Pocas personas -y en particular mujeres- permaneceran inmunes a la contagiosa pasión que emana de este libro.

El club de los suicidas, de Robert Louis Stevenson


En 1877 toda la obra de Stevenson se limitaba a unos pocos artículos, hasta que en un viaje a Francia conoció a Fanny van der Grift, que poco después se convertiría en su esposa. Fue a partir de este encuentro cuando comienza a escribir, entre 1877 y 1880, sus primeros relatos, que envía al London Magazine, al Cornhill Magazine y al Temple Bar, donde aparecen por entregas. En 1878 Stevenson publica El Club de los suicidas y El diamante del rajá en The London Magazine, bajo el título Latter-Day Arabian Nights. Posteriormente retoca en profundidad estos dos cuentos y los reúne junto con otros relatos en un volumen titulado Las nuevas noches árabes (1882) –Avatares nº 49– del que se han extraído para la presente edición. Su carácter fragmentario no impide que la obra pueda leerse como una novela, pues las historias se entrelazan, al estilo de Las mil y una noches, bajo un denominador común: la aventura de la supervivencia en un medio hostil.
El hilo conductor de estas historias es el príncipe Florizel, personaje posiblemente inspirado en un hijo de María Teresa y José II de Bohemia. El Club de los suicidas nos descubre la existencia de un excéntrico club clandestino destinado a facilitar el paso a la otra vida a sus socios, y El diamante del rajá relata el robo y las posteriores peripecias de una magnífica joya, un diamante precedido de una nefasta historia de traiciones y crímenes.

Los ojos del hermano eterno, de Stefan Zweig


Un libro curiosísimo en la obra de Stefan Zweig, está escrito como una leyenda oriental situada mucho antes de los tiempos de Buda. Narra la historia de Virata, hombre justo y virtuoso, el juez más célebre del reino, que después de vivir voluntariamente en sus propias carnes la condena a las tinieblas destinada a los asesinos más sanguinarios, descubre el valor absoluto de la vida y reconoce en los ojos del hermano eterno la imposibilidad intrínseca de todo acto judicativo. Virata llega a ser, después de su renuncia, un hombre anónimo a quien le espera, una vez muerto, un olvido todavía más perenne, el de la historia que sigue su curso prescindiendo del hombre más justo de todos los tiempos.

Uniones, de Robert Musil


Publicado por primera vez en 1911, cuando el autor contaba treinta y seis años, y era bibliotecario de la Universidad Técnica de Viena, Uniones fue el segundo libro de Robert Musil. Nacidos como consecuencia de una petición para la revista Hyperion, los relatos conocieron una génesis insólita. En palabras del propio Musil, «trabajé en dos cuentos dos años y medio, se puede decir que día y noche. Estuve, por su causa, al borde del hundimiento espiritual». El propósito de Musil en estas narraciones era «describir el camino que lleva, en el plazo de sólo veinticuatro horas, de la más entrañable unión a la infidelidad». Otros relatos contemporáneos de los de Uniones o inmediatamente posteriores a ellos, y en ocasiones de carácter autobiográfico, completan un volumen que revela al lector de nuestra lengua una región hasta hoy casi totalmente inexplorada entre nosotros de un autor capital.

Trabajo. Un relato de vivencias, de Louisa May Alcott


Louisa May Alcott es la autora de literatura juvenil más destacada de todos los tiempos. Sus obras se asocian a un universo exclusivamente habitado por mujeres, cuyos lectores fueron y siguen siendo femeninos. La imagen que se imprimió de la autora, y que desafortunadamente sigue vigente entre el gran público, es la de una dama recatada, dedicada a la literatura edulcorada mera propaganda de los valores sociales decimonónicos más convencionales. Sin embargo, este enjuiciamiento se halla muy lejos tanto de su realidad biográfica como de los matices ideológicos que transmiten sus obras. La crítica ha releído a Alcott y ha desvelado el trasfondo principal que siempre escondieron las obras de esta escritora, que tenía poco de “mujercita” y mucho de “mujer”: la rabiosa censura de una Norteamérica dominada por los hombres. En Trabajo. Un relato de vivencias se ofrecen con gran coherencia y fuerza narrativa muchas de las claves que guiaron los principios vitales de Louisa May Alcott: su dedicación constante a la mejora y progreso de la situación de la mujer en los Estados Unidos para facilitar la total equiparación de los dos sexos y de
todas las razas.

Toda una vida, de Robert Seethaler


Hasta una perdida aldea centroeuropea, en un remoto rincón alpino, llega a principios del siglo XX el pequeño Andreas Egger con apenas cuatro años, abandonado por su madre. El niño crece y vive siempre confinado en el valle, de donde sale sólo en dos ocasiones ya de adulto, siendo las más larga y singular su estancia en le frente ruso como soldado raso, donde asiste a los despropósitos de la guerra. Su realidad son esas cimas de nieves perpetuas y esa paredes rocosas de fiereza salvaje. Con el trasncurso del tiempo, Andreas Egger se adapta a los cambios que el llamado «progreso» trae al paisaje de la montaña: la construcción del teleférico y la irrupción del turismo de masas, con excursiones…

La perla, de John Steinbeck


Esta novela breve narra el hallazgo de una perla de incalculable valor y las consecuencias que acarrea a un modesto pescador, Kino, cuyo hijo a sido víctima de la picadura de un escorpión. Sin embargo, el interés de esta novela reside en el enfrentamiento entre dos mundos, el de los ricos y el de los pobres, y en el proceso de cambio en las relaciones humanas en función de la situación económica de las personas. Esto explica que sea una novela ampliamente usada en la escuela para invitar a la reflexión ética.

La escopeta de caza, de Yasushi Inoue


La escopeta de caza es una pequeña obra maestra de uno de los mejores escritores japoneses del siglo. Fue galardonada con el Premio Akutagawa, el más importante galardón de su país. En ella se relata la historia de la relación adúltera entre un hombre casado, Josuké, y una mujer divorciada, en tres cartas dirigidas a Josuké que ha leído el diario de su madre y que, por tanto, sabe su secreto y las causas de su muerte. En la segunda, la mujer legítima explica las razones por las que ha decidido abandonarle. La tercera carta e la escrita por la amante antes de su suicidio. En el centro, omnipresente, el hombre solitario con su escopeta de caza. De carta en carta, de sorpresa en sorpresa, el lector descubrirá los diferentes aspectos de la tragedia, en esta novela, a la vez apasionada y glacial, de una extraordinaria intensidad.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood


En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.